16 de diciembre de 2013

Se va


El calorcito y que todas las noches terminen en birra: ahora sí que se acaba el año. 

Y con eso podría hacer balances, medir logros, proyecciones alcanzadas o pequeños fracasos de esos en los que no creo. Podría pensar cuántos minutos perdí esperando colectivos o cuántos abrazos gané mirando cielos; podría pensar en lo que quedó en el camino o ir a buscar aquella lista de ''Metas para 2013'' que en realidad tiré en agosto, agobiada y aburrida por esa pulsión ridícula de querer controlar impulsos o suertes. Podría hacer todo eso y más o nada de eso y menos, llorar de emociones varias o dejar melancolías para hundirme en el más oscuro punk rock sin importar los matices que hacen a todo mi yo, mi yo contradictorio, en puja constante, en búsqueda constante. 

Podría evitar todos estos lugares comunes y no decir nada. Podría elegir decir algo genérico, como para llenar este espacio sin sentido, como si fuera alguien, como si importara algo. Pero no. No sé nada de eso y está bien. No importa. En realidad importa una sola cosa, casi la única que puedo sacar en blanco, pura, de este 2013: estoy rodeada de gente hermosa. Y eso es todo.

1 comentario:

Hernan Dardes dijo...

No hay que dejarse llevar por los balances anuales obligatorios, que no somos una S.A.
Desde acá, y comentando solo por el ímpetu de dejar alguna palabra por donde paso, solo agrego el deseo de que la ronda de gente linda se agrande en 2014.