7 de febrero de 2013

Andando


Viajábamos empolvados en un carro del '50 hacia nomeacuerdodónde mientras hablábamos sobre nuestros veranos de niñez, cuando caímos en la cuenta de que todos habíamos aprendido a caminar afuera de nuestras ciudades natales. 
“Será por eso que nos gusta tanto viajar“, dijo uno, y los demás nos miramos satisfechos en nuestra cómplice alegría. Yo pensé en Giraudoux y en su idea de que el sentimiento de libertad humano más acabado es el de seguir el curso de un río caminando lentamente. También me acordé de Atahualpa, que decía que el camino, el viaje, se compone de infinitas llegadas, y que es necesario realmente andar las rutas, andar los caminos, para que algo madure en ese recorrido: ''algo que ayude al fruto''. Otro de por allá, de donde vengo, supo cantar que al final del viaje hay que partir de nuevo, siempre en plena luz, y entonces elegí cantar un ratito con él, mientras las piedritas golpeaban las ventanillas y el sol se mezclaba con la tierra seca y levantada. Porque una cosa es viajar y otra es hacer del viaje una experiencia... y cuando se hace experiencia, tan pero tan intensa, es imposible no dejarse un poco, no dejar algo propio en ese lugar, no porque uno se quiebre o deshilache sino todo lo contrario: porque se multiplica infinitamente, hasta siempre... hasta la mismísima libertad.
Por eso, en honor a ese viejo Don: andar los caminos que tengan corazón, respirarlos, compartir, encontrarse con aquellos que patean el mismo compás. 

Ah...  agarrate, año de la serpiente, que es el mío y yo también repto, pero vengo con piel nueva (:





2 comentarios:

Hernan Dardes dijo...

:) (no soy de comentar con emoticones, pero esa sonrisa es la exacta expresión que provocó esta lectura)

Letras y Arte dijo...

Què bello el camino y la piedra.. transitarlo.
Estàs escribiendo tannnnnn lindo!!
Besos